El protagonismo, el reconocimiento y la aclamación, tres perspectivas que nos hacen sentir especiales y únicos. ¿Pero qué pasa cuando los 365 días del año se espera obtener el mismo resultado de mi persona? o ¿Cuando mi infancia fue expuesta a una sobresaturación de presión por un deporte en especial?

Son preguntas que ningún aficionado se hace al momento de criticar a alguien por Twitter, Facebook, Instagram o cualquier otra red social. El tema sale a la luz por dos valientes mujeres, las atletas más influyentes de los últimos años, Simone Biles y Naomi Osaka.

Son humanas también

Naomi Osaka viene lidiando con el tema de salud mental fuertemente estos últimos meses, anunciando su salida de varios torneos de tenis. Priorizando su ser antes que todo, algo que es visto por otros como un tabú en los deportes. Siendo afroamericana con ascendencia japonesa, Osaka ha visto cualquier comentario racista y denigrante en su “timeline”. 

Agreguemos el hecho de su eliminación sorpresiva en los Olímpicos después de varias semanas de ausencia, se vuelve preocupante. En vez de simpatizar con ella, el mundo sale a atacar.

Con Simone Biles pasa lo mismo, una atleta galardonada en gimnasia que a sus 20 años ya tenía el resumen de una completa veterana, se vio afectada en esta edición por diferentes motivos. En la final ella tuvo una de sus calificaciones más bajas en gimnasia por equipo.

Cayó un poco mal en su rutina, lo cual supuestamente la obligó a retirarse de la competencia. Aunque la delegación estadounidense lo declaró como si fuera una “lesión”, en realidad era algo superior lo que la afectó. Biles comento lo siguiente después de la medalla de plata: 

«Tengo que concentrarme en mi salud mental. Simplemente creo que la salud mental es más importante en los deportes en este momento. Tenemos que proteger nuestras mentes y nuestros cuerpos, y no solo salir y hacer lo que el mundo quiere que hagamos».

Evadirlo no es la respuesta

Son momentos como estos cuando debemos de fijarnos en los atletas como seres humanos, no como unos transformers. El cuerpo no es lo único que sale afectado después de tantas horas de trabajo y competencias, también el cerebro.

Todos los atletas de alto rendimiento han pasado por ello, y la excusa de que a “Michael Jordan nunca le pasaba esto o Pelé nunca se quejó de su salud mental”, es estólido. Claramente estaban hartos de ser vistos como una máquina, y ahí está el ejemplo de los retiros repentinos de Jordan o la salida de Pelé a Nueva York en sus últimos años de carrera.

Todos tenemos un límite, mucho más ahora con toda la tecnología que nos rodea. Es una era donde los atletas ya no tienen privacidad y todos somos jueces de sus vidas personales. 

Naomi y Simone son un emblema para el deporte, para las mujeres y para quien sea que ha sufrido de salud mental. 166 atletas olimpicos han cometido suicidio después de su participacion en sus respectivas disciplinas. Ese número es realmente escalofriante. 

Era tiempo de que alguien alzara la voz, y si tenía que ser de esta manera, mis respetos por estas dos grandiosas mujeres.


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Alberto Carrillo
Alberto Carrillo Cortes es un estudiante de lic. en comunicación, actualmente reside en Monterrey, México, donde día a día se encuentra con la inquietud de plasmar las historias más relevantes del ámbito deportivo.

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