La salida de Fred Hoiberg pone en cuestión el proyecto de los Chicago Bulls, la situación del equipo era francamente crítica, con una crisis evidente de juego y con un vestuario descompuesto en lo colectivo. Los Bulls habían perdido el rumbo. El encargado de dirigir la nave será Jim Boylen que cumplía funciones de asistente del propio Hoiberg. Tarea complicada la de revertir una situación que ya de por sí era complicada para Hoiberg, con una relativa experiencia como entrenador. ¿Se le avecina un futuro agradable a los Chicago Bulls?.

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La llegada de Hoiberg suponía la apuesta por otro tipo de estilo. Sus 5 años en Iowa State hablaban muy bien de un técnico que proponía un juego ofensivo dinámico, con el uso de jugadores móviles y sin el uso de interiores como estamos acostumbrados. Este fue el primer escollo que se encontró al llegar a los Bulls en la temporada 2015-2016. Por aquel entonces los Bulls estaban todavía inmersos en el ecosistema Thibodeau, con jugadores muy pesados como Pau Gasol, Joakim Noah o Taj Gibson y con una idea de juego anclada en el ritmo lento (92.8 posesiones, 23º en la liga). Los Bulls necesitaban un cambio y Hoiberg lo podía suponer. Con su llegada el equipo empezó a abrirse, no así a tirar más de tres, pero sí a jugar más rápido y aumentar sus tiros de dos puntos.

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Estas dos primeras temporadas fueron el canto de cisne del proyecto que Thibodeau comandaba. Una aparición en los Playoffs in extremis dejaba claro que debía reestructurarse la idea del proyecto tras la catástrofe de reunir a Butler, Rondo y Wade en un solo equipo. Hoiberg seguía contando con la confianza de Gar Forman que había liderado la época dorada de los Bulls del siglo XXI. La reconstrucción a partir del traspaso de Jimmy Butler parecía la excusa perfecta para acumular talento y rondas de Draft. Llegaron Markkanen, LaVine y Dunn y con ellos la ilusión de un futuro a corto-largo plazo para la franquicia. Las lesiones se sucedieron al mismo tiempo que los enfrentamientos internos, como el caso de Portis y Mirotic, y de entre todo surgió la figura de Markkanen.

El proyecto parecía agradable y encaminado a crecer a partir de los Drafts y el espacio salarial. No había prisa, el equipo era joven y se confiaba en LaVine como arquitecto del juego mientras Wendell Carter y Lauri Markkanen se asentaban como hombres clave. El fichaje de Jabari Parker parecía una declaración de intenciones de cara a los Playoffs en un Este abierto. La realidad ha acabado por destruir las esperanzas de este año para los Bulls y se ha cobrado a la víctima más débil: Hoiberg.

 

¿Será una temporada agradable para los Chicago Bulls y en el futuro?

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La realidad es que el equipo solo puede ir a mejor. La incorporación de Markkanen y la progresión constante de Carter marcará el crecimiento del equipo así como si Parker se convierte en el jugador que todo el mundo esperaba esta temporada.

La salud de los Bulls es la gran incógnita. Hay muchos jugadores que acumulan un historial médico poco alagüeño y que son propensos a caer lesionados.

No se avista un posible movimiento de aquí a febrero salvo de aquellos jugadores que acaben contrato y no entren en los planes de Forman, quien parece confiar en Boylen de aquí a finales de temporada.

Toca ser cautos y pacientes de nuevo con los Bulls. Hay mimbres para un equipo con potencial de cara a los próximos años y que puede dar el salto de calidad necesario para regresar a la posición que merece.


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Sebastián Villalobos
Redactor de NBA y MLB en Hispanic Sports Media - @sebastian0209 en Twitter y en Instagram @sebastianvu02

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