Un par de días después de la hecatombe del Barça en Lisboa, me permito expresarme al respecto. Porque más allá de la decepción que pueda sentir como culé confeso, hay que levantar al club desde todos los frentes. Desde lo institucional, lo deportivo, lo social y desde el periodismo.

El Barcelona sufrió el viernes 14 de agosto su peor derrota en sus más de 130 años de historia. El 2-8 ante el Bayern de Múnich provocó una sensación funeraria en la Ciudad Condal, en el vestuario azulgrana y en cada rincón donde un verdadero Boixo Noi respire. Parece un resultado anecdótico, pero realmente fue como caer sobre una profunda tumba de 100 metros.

Las decisiones en Can Barça, desde mi punto de vista, podían ser parecidas a las que se tomarán desde este lunes 17 de agosto oficialmente. Aunque el señalado presidente Josep Maria Bartomeu haya declarado tras la debacle que «ya habían tomado decisiones», será desde el inicio de la venidera semana cuando intenten apagar el fuego, a la espera que otros factores no agraven el incendio que rodea el Camp Nou y las oficinas del Fútbol Club Barcelona.

La primera decisión tomada es el despido de Quique Setién, quien prometió un juego vistoso y se irá del equipo como el técnico ignorado por los jugadores. Las imágenes de las pausas de hidratación en las que los jugadores, simplemente, tomaban agua e ignoraban indicaciones, serán una mancha imborrable en la carrera del cántabro, quien probablemente no vuelva a tener una oportunidad de tal magnitud como lo fue dirigir a un alicaído Barça, que tras reiterados fracasos en la Liga de Campeones con Ernesto Valverde, buscaba respirar con un nuevo entrenador.

El problema es que el cambio de DT llegó tarde.





El génesis de la crisis deportiva… e institucional

El Barcelona con Valverde ganó por dos años seguidos La Liga. Era la insignia de la confianza de la directiva e incluso del vestuario para un silencioso entrenador, que siempre cayó en Europa y de forma estrepitosa.

La aplastante remontada del Liverpool en 2019 parecía un escenario ideal para un cambio en el banquillo, tomando en cuenta la anterior caída en Roma. Pero no ocurrió.

Además de la continuidad del ‘Txiguirri’, el equipo se reforzó con el holandés Frenkie De Jong, una apuesta para el presente y el futuro del equipo, y con el delantero francés Antoine Griezmann, consolidado como atacante en La Liga, por quien se desembolsaron 120 millones de euros.

Pero los 120 millones de euros por el expunta del Atlético de Madrid se unieron a los 145 millones por Ousmane Dembelé y los 160 por Philippe Coutinho. Más de 400 millones en un jugador que no respondió de cara al arco y no se mostró en momentos importantes, uno que ha pasado más tiempo lesionado que disponible y otro que fue cedido.

Lo anterior explica la terrible gestión de la secretaría técnica y deportiva. El Barcelona ha invertido más de 400 millones de euros en tres jugadores que no respondieron con las expectativas y las necesidades del club. La directiva prefirió la inversión a la cantera, una maltratada escuela formadora de grandes talentos que con Ansu Fati y Riqui Puig terminó por bofetear a una institución que olvidó cómo logró posicionarse entre las mejores del planeta. Con jóvenes figuras, formadas en casa, y no con golpes de chequera en el mercado de fichajes. Todo mal.

El único fichaje millonario que mejoró al equipo fue el de Neymar y terminó yéndose como un traidor y siendo ahora para muchos culés «el mal necesario que necesita la plantilla».

¿Quién toma un equipo en crisis?

La salida de Setién invocó un nuevo casting de entrenadores con nombres que se sondearon en crisis anteriores. Xavi Hernández ahora duda de tomar las riendas del equipo, desinteresado de trabajar con la señalada directiva. Suena el nombre el exespanyolista Mauricio Pochettino, que si me decían 10 años atrás que a futuro podía ser el DT del Barça, me hubiese cambiado de colores. Y por último, el que parece haber tomado más fuerza en las últimas horas es Ronald Koeman, es líder del vestuario azulgrana como jugador, recordado por su golazo en la primera Champions de la institución. Su ‘militarismo’ es apoyado por un sector de la afición, pero las llamadas vacas sagradas del plantel no estarían a favor de tener un caudillo dando órdenes.

Todo eso suena en medio de un maremoto de rumores, que hablan de adelantar las elecciones presidenciales del club. ¿Es posible que alguno de los tres nombres anteriores acepte un contrato de un año? Todo va a depender del consenso que haya entre la casi saliente directiva y los candidatos a presidir el club. Si el elegido hace del Barça una vez más un equipo ganador, ¿seguirá al frente aunque los nombres en los despachos sean otros?

Purga en la plantilla: que se acabe el club de amigos

Antes de hablar de la hipotética salida de Messi, haré un ejercicio sobre quienes se deberían quedar y quienes se deberían ir del Barça.

Empecemos con decir que tiene que llegar un entrenador que acabe con el club de amigos y las vacas sagradas del vestuario. Tienen que jugar los mejores 11 pero también los que estén al 100%.

¿Por qué Sergio Busquets no tiene un suplente natural? ¿Por qué Jordi Alba no tiene un competidor para el lateral izquierdo desde Adriano Correia? ¿Por qué si promete tanto Ronald Araújo no sientan a Gerard Piqué que no está a tope? Esas preguntas debemos dejar de hacerlas y que un nuevo y decidido director técnico acabe con los vicios de un equipo que lo ganó todo y que no volvió a pisar tierra.

Es indiscutible, sin escenarios apocalípticos, que Messi siga. El deseo de todo el barcelonismo es que se retire en el club. Su nombre debe estar acompañado por Marc-André Ter Stegen, el mejor jugador de la temporada blaugrana desde mi punto de vista. Veteranos como Busquets, Alba y Piqué —quien se ofreció a irse— podrían seguir con un rol menos importante, mientras que los jóvenes Riqui Puig, Ansu Fati y los refuerzos Pedro González ‘Pedri’ y Francisco Trincao deben ser parte del plan renovación. Nombres como el de Clément Lenglet, Sergi Roberto, Jean-Clair Todibo, Juan Miranda o Carles Aleñá podrían permanecer en el equipo.

Neto Murara, Nelson Semedo, Samuel Umtiti, Junior Firpo, Ivan Rakitic, Arturo Vidal, Rafinha Alcántara, Ousmane Dembelé, Antoine Griezmann, Martin Braithwaite deben ser traspasados. Me queda la duda sobre qué hacer con Luis Suárez, quien podría jugar otro año más en el club con un buen competidor para la posición de delantero centro, y aunque desee otra oportunidad para Coutinho, el Barça necesita venderlo para tener dinero para fichar.

En cuanto a refuerzos, toca esperar el nombramiento del nuevo entrenador, pero los nombres de Neymar y Lautaro Martínez seguirán en el radar azulgrana.

Invocando el barcelonismo de Cruyff contra Messi

El fallecido Johan Cruyff, uno de los pilares del fútbol total y referente del Barcelona, dijo una vez: «El que dude de jugar en el Barça, ya no nos sirve». Invocando el barcelonismo de Cruyff y el mío propio, me voy a permitir atacar y señalar por primera vez a Lionel Messi.

A Messi le debo los mejores y más felices momentos de mi vida como futbolero, pero luego de otro partido en la que fue anulado, desapareció o simplemente no tuvo suerte de cara al arco ni contó con el arropamiento de sus compañeros, el argentino está dudando sobre su continuidad en el Barcelona.

El periodista brasileño Marcelo Bechler, quien reveló de primera mano el traspaso de Neymar del Barça al PSG hace unos años, contó este domingo que Leo le comunicó a la directiva del club su deseo de marcharse. Ahora. No en 2021 cuando vence su contrato.

Yo nunca me he decepcionado de Messi. Es probable que como yo, muchos fanáticos del Barcelona nunca hayan sentido esa sensación por él. Lástima tres veces, cuando cayó en finales con la selección de Argentina. Pero decepción no. Alguien debe decirlo y espero que se extienda mi idea: el liderazgo de Messi y su figura como azulgrana va a quedar muy sentida y tocada si se va del equipo en medio de la destrucción y sobre las ruinas. Tiene la obligación de volver a colocar con su liderazgo deportivo, con sus goles y la magia de sus botines a los blaugranas en la cima del universo. Y que se marche así, ganando, pero no luego de recibir ocho ante el Bayern y de no haber corrido ni presionado como debió hacerlo.

Y con Messi, los que se quieran ir del club, que se vayan. Porque los que duden de jugar en el Barça, ya no nos sirven. Porque cuando él se retire, el Barcelona seguirá en competición. Porque nadie está por encima de la institución y de los valores culés.

Messi tiene su vida hecha en Barcelona. Su esposa tiene negocios de moda en la ciudad y sus hijos tienen una rutina, con amigos del colegio, con afecto por Catalunya, pero deportivamente, a Leo le queda mucho fútbol y probablemente le seduzca la idea de, por ejemplo, reencontrarse con Pep Guardiola en el Manchester City. De más está decir que el contrato del 10 vence en junio de 2021, que su cláusula es de 700 millones de euros y que, negociando, el club inglés tiene para pagar su salario y para darle mucho dinero al Barça por su ficha, un hecho que sería histórico y que cumpliría el deseo de muchos futboleros de ver a Messi con otra camiseta. Pero qué decepcionante sería, qué lamentable sería para el FC Barcelona. El sello de la tumba de un club que lo logró todo y que mira de reojo a los fantasmas del pasado.

El contenido de esta columna de opinión corresponde al editor y no a Hispanic Sports Media


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Guy Acurero

Periodista deportivo venezolano. Redactor de #NFL y #NBA en Hispanic Sports Media. Ex-reportero del Diario Panorama (2015-2019).

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