En momentos de crisis y desesperación, todos debemos de ser como el “Huracán” Carter. La cuarentena ha llegado a un nivel de sobresaturación psicológica en nosotros. Fomentar la esperanza y el conocimiento llega a ser complicado cuando existen injusticias directas o indirectas hacia nosotros, unos irán haciéndose las víctimas como si fueran los únicos afectados, otros lamentarán el no poder habido reaccionar a tiempo, y habrá quienes se levantarán a luchar como Rubin Carter. 

El «Huracán»

En septiembre de 1961 inició su carrera como boxeador profesional, el “Huracán” Carter venció a sus primeros contrincantes durante sus años de inicio y esto le otorgó la posibilidad de pelear contra el campeón de peso mediano en 1963, Emile Griffith. Aunque la pelea haya sido pactada sin el título mundial, esto no paró a Carter de noquear a Griffith en el primer asalto. Su gancho izquierdo sorprendió a todo mundo, comprobando una vez más, que era el contendiente número uno para el campeonato.

Su amigo Ron Lipton decía que: “Algunos tipos te dejarían sin aliento, Rubin te paraliza con un puñetazo.”

En diciembre de 1964 por fin se dio la oportunidad contra el pugilista Joey Giardello, en una batalla de 15 rounds que le dio la victoria a Giardello por decisión dividida. Los que se encontraban esa noche sabían que Rubin volvería pronto por lo que era suyo. Tardaría dos años más en encontrar su mejor nivel contra una cara conocida. Dick Tiger había ganado el primer encuentro contra Carter en 1965, la revancha estaba postulada para finales de 1966, hasta que pasó lo inimaginable.

La noche del incidente

El 17 de julio de 1966, el «Huracán» Carter se encontraba en el bar “Nite Spot”, un pequeño recinto ubicado en Nueva Jersey. Venía de tener un par de tragos con su amigo John Artis y le pasó las llaves de su carro blanco. El chofer de Carter estaba demasiado borracho para manejar, así que se dirigieron a la casa de John Bucks. A los 6 minutos de camino los detuvo una patrulla policiaca, se acercaron y les dijeron que estaban buscando a dos negros. Rubin, sarcásticamente le responde “¿cualquier negro servirá no?” El oficial lo reconoció inmediatamente, solo le pidió la licencia a Artis y siguieron su camino hacia casa de John.

Mientras siguieron la marcha hacia casa de Rubin, los encandilaban unas luces de patrullas, esta vez, eran muchas más que la pasada. Fueron arrestados por el mismo motivo por el cual los habían parado hace menos de una hora, condujeron hacia el hospital donde se encontraba el único sobreviviente del tiroteo en el Lafayette bar, Willie Marins. Un oficial le preguntó a la víctima si “estos dos” eran los asesinos que entraron al bar. Con un ojo vendado y una fuerte dosis de morfina, Marins lo negó con su cabeza al ver a Carter y Artis enfrente de su camilla. Los oficiales no tuvieron otra alternativa más que dejarlos ir.

Detective DeSimone

En un lapso de 4 meses, el Detective DeSimone, necesitaba encontrar a los culpables pronto. William Marins murió a causa de sus heridas y el triple homicidio en Paterson, Nueva Jersey, daba mucho de qué hablar con la gente del pueblo.

Alfred Bello y Arthur D. Bradley eran unos criminales que se encontraban cerca del Lafayette bar en la noche del crimen — el Detective De Simone vio un blanco fácil en estos dos y fueron llevados a testificar en contra de Carter y Artis. Nuevamente fueron arrestados, sin embargo, esta vez, se enfrentaron a un jurado sin ningún representante afroamericano el 7 de abril de 1967.

En el juicio hubo una inclinación racial hacia las muertes en el Lafayette bar, 2 meses y medio bastaron para condenar a Rubin Carter y John Artis a 3 cadenas perpetuas consecutivas.

Primeros años

Carter llegó al reclusorio de Trenton State desafiando a las autoridades, negaba ponerse el uniforme de recluso, comer la comida de la prisión y el ser tratado como un criminal. Pero fue ahí donde comenzó a leer sobre Malcolm X, Martin Luther King y el Ministro Louis Farrakhan. En 1974 decidió que sus palabras podían ser igual de preciadas como las de estos personajes, y decidió publicar su famoso libro, “El round 16: del contendiente número 1 al número 45472.”

A finales de 1974, el caso empezó a sonar en toda la nación. Había mucha presión gracias a las lagunas percibidas. Bello y Bradley,  fueron llamados a dar nuevos testimonios en dos cabinas separadas. Se retractaron de lo que habían mencionado antes con la excusa de que los oficiales de Paterson ofrecieron limpiar sus historiales. El caso ahora sería comandando por la Suprema Corte del Estado de Nueva Jersey y con una unanimidad de 7-0, Carter junto a Artis volverían a ser libres bajo fianza. 

Su felicidad les perduró solo 6 meses hasta que en otoño de 1976, el segundo juicio se llevó a cabo. Fue entonces cuando Alfred Bello revierte su testimonio, otra vez. De nuevo fueron encarcelados y enviados al reclusorio de Rahway State.

Aclamación nacional

Bob Dylan decidió visitar a Carter en prisión después de leer su increíble historia. Le escribió la canción “Hurricane”, un hit instantáneo que tocó a lo largo del “Rolling Thunder Tour, 1975-1976”, presionando a las autoridades para que dejaran libre a Carter. Personajes como Muhammad Ali, Joe Frazier, Stevie Wonder, Isaac Hayes y centenares de admiradores apoyaron el movimiento para liberar a Carter de prisión.

La lucha se prolongaba y el tiempo corría, pero todo seguía estático. Fue en 1981 la fecha de libertad… la libertad de John Artis a beneficio de su buena conducta. Aunque los abogados apelaron la decisión de Rubin junto con la de Artis, Rubin solo obtuvo 3 de los 7 votos.

La lucha continua

El «Huracán» Carter peleó contra todo. A los 10 años de estar encarcelado fue abandonado por su esposa, era constantemente enviado a la celda de aislamiento y era visto como un solitario dentro de la prisión. Pero desde 1980, un joven llamado Lesra Martin que vivía con un grupo de canadienses en una comuna empresarial, leyó su libro y decidió enviarle cartas semanalmente hasta que crearon una amistad. Rubin lo invitó junto a Sam Chaiton, Terry Swinton y Lisa Peters a desarrollar un fuerte lazo en conjunto y comenzar a trabajar para su liberación.

En 1983, se mudaron a Nueva York donde se encontraron con el equipo de abogados de Carter. Su principal motivo era buscar el dicho recurso de “habeas corpus”, del Juez de la Corte de Distrito de los Estados Unidos, H. Lee Sarokin.

Sarokin vio algo en Carter. Su tenacidad seguía ahí, su compasión seguía ahí, pero no podía creer cómo un hombre pudiera aguantar tanto castigo. El 7 de noviembre de 1985, Sarokin decidió darle una nueva oportunidad a Carter para llevar su caso hasta la Suprema Corte de Justicia. Fue en febrero de 1988, cuando un juez estatal del condado de Passaic (NJ) retiró todos los cargos de Carter. 

El tiempo ha llegado

Pasaron 22 años sin tumbar la mentalidad de este hombre, la libertad no se mide en un estatus legal, está autodeterminación viene de aquellos sabios que han desenvuelto un carácter como el de Rubin Carter. 

Quizá nuestros días de libertad no se volverán como los del «Huracán» Carter, pero quienes no rindan sus brebajes, regresarán a su encarcelamiento mental. 

“Doblaré el tiempo a mi propio reloj. Cuando la prisión esté despierta, dormiré. Cuando duerman, me despertaré. No viviré ni en su celda ni en mi propio corazón, solo en mi mente y mi espíritu.”

R.Carter


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Alberto Carrillo
Alberto Carrillo Cortes es un estudiante de lic. en periodismo, actualmente reside en Buenos Aires, Argentina, donde día a día se encuentra con la inquietud de plasmar las historias más relevantes del ámbito deportivo.

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