Richard Páez Monzón, seleccionador de Venezuela entre 2001 y 2007, padre del boom Vinotinto, opina sobre lo que significa para él el combinado nacional, en un aporte especial para HSM América.

«La VINOTINTO no es simplemente un sustantivo, sino que traduce y significa literalmente transformación, porque resume como un todo el proceso de metamorfosis de la humillación encapsulada en penumbras, dudas y goleadas, para emerger como un sentimiento irreverente de brillo, libertad y convicciones.

Y lo importante no es el objetivo per se, sino la evolución trascendente y protagónica del ser humano que, al colocarse la camiseta nacional, se la coloca con orgullo, compromiso y valentía.

Hasta el 2001 nos habíamos acostumbrado a referenciarnos en las creencias de lo imposible y utópico para alcanzar metas insospechadas para la lógica de lo visible.

No teníamos estructuras organizacionales en nuestro fútbol, no creíamos en nuestros operarios en las canchas de juego, no teníamos historia ni resultados donde mirar en el retrovisor de nuestra bitácora de vuelo futbolístico del pasado y seguíamos confirmando que Venezuela se explicaba por sí misma, la ponderación internacional de ser considerados como la Cenicienta del futbol suramericano.

El salto exponencial de dicha transformación utilizó la plataforma de valores y las convicciones sin restricciones del talento del jugador venezolano. Parecía suicida, parecía una osadía hasta tocar los límites de la locura, pero también fue algo diferente, distinto como único e inspirador para conseguir lo inimaginable e increíble.

Pero trasladar esta teoría imaginativa motivacional a la práctica del terreno pragmático de un campo de futbol era la tarea que no había tenido respuesta eficiente.

Nosotros nos convertimos en el vehículo que transportó la fe en acciones y se consolidó cuando se configuró una alianza inquebrantable de los conceptos futbolísticos de un líder y su grupo de trabajo técnico-táctico, como un todo integrador y un selecto grupo de jugadores con cualidades y virtudes futbolísticas que esperaron por siempre ser expuestas en toda su dimensión de grandeza y brillantez.

Este ejemplo de ejercicio motivacional donde se conforma un verdadero equipo de trabajo con conceptos e ideas que confluyan y sincronicen el talento de las piezas infinitas de un todo, pero donde cada uno pone a un lado los intereses individuales para darle paso a lo importante, que es la Sinergia de lo mejor de lo mejor que traemos en nuestro ADN ganador con que nacimos.

Al lograr ese objetivo fundamental y esencial, se empezó a notar en la cancha que lo invisible imaginativo se convirtió en un juego visible asociativo, de posesión del balón para defender y atacar como un todo, sin fracciones y con una naturalidad que asombra a cualquier espectador, tanto propio como extraño.

Para resumir, la Vinotinto no mira al rival como el adversario a vencer, no juega con tácticas de equipo chico, ni se preocupa por las circunstancias porvenir, sino que confía en plenitud total que sus talentos bien trabajados y consolidados por los resultados obtenidos, serán siempre la llave para abrir la caja de la oportunidad histórica de saber jugar y así comprender el «saber ganar» y el «saber perder».

Viva la Venezuela vinotinto, ejemplo de la Venezuela libre y en paz, pero con justicia».


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Kiko Perozo

Maracaibo, Venezuela (1984). Experiodista de @diariopanorama, excolaborador de @mundodeportivo, votante de Venezuela para el premio The Best - Fifa. Administrador de http://desdemiarqueria.blogspot.com/ y http://lahistoria200.blogspot.com/

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